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11 de agosto de 2011

La familia Cuchara

En este cuento queremos fomentar el valor de la colaboración y la participación constructiva. Quizá este cuento esté también dirigido a los padres, pues somos los padres los que tenemos que fomentar este espíritu participativo a nuestros hijos y, muchas veces, con la excusa de que son demasiado pequeños, no los responsabilizamos de tareas que pueden hacer perfectamente y que, además, les ayudan a sentirse útiles y dan firmeza a su autoestima. Así es como actúan los padres de la familia Cuchara, no permitiendo que su hija pequeña se desarrolle haciendo tareas que puede hacer sin demasiado problema.
El niño encontrará divertido que se hable de familias de cucharas, de tenedores y de cuchillos, y que estos actúen como si tuvieran vida propia. Podemos exportar la animación de estos objetos cotidianos a las horas de las comidas, e intentar hacer más divertidos estos momentos.

El cuento

Había una vez una familia de cucharas. Eran la familia Cuchara.
El padre, que se llamaba Cucharón Cuchara, era un cucharón grande y fuerte, que podía vaciar toda una cazuela de sopa en un abrir y cerrar de ojos. La madre, Cucharola Cuchara, era una cuchara fina y elegante, ni demasiado grande ni demasiado pequeña, que sabía recoger con mucha gracia y elegancia los purés, los arroces y las sopas.

El señor y la señora Cuchara tenían tres hijas: Cuchareta Cuchara, Cucharina Cuchara, y Cucharilla Cuchara.

Cuchareta Cuchara ya casi era tan alta y esbelta como su madre, y hacía tiempo que sabía recoger perfectamente todo tipo de caldos y otros líquidos.

Cucharina Cuchara, que era un poco más pequeña que su hermana mayor Cuchareta, todavía tenía que aprender a recoger bien la comida y, aunque iba aprendiendo, aún se le caían de vez en cuando las cosas más difíciles como los fideos o las judías, pero ya recogía bastante bien los postres como los yogures y los flanes.

Cucharita Cuchara, la más pequeña de las tres hijas de la familia Cuchara, era la más vivaracha de todos. Le gustaba meterse en todas partes. Se metía dentro de los platos de sopa y se escondía en su interior, le encantaba caer entera dentro de los vasos de leche o quedar completamente cubierta de chocolate, estaba deseando sumergirse dentro de las cazuelas llenas de arroz o de habas, y a menudo se quedaba escondida horas y horas hasta que sus padres la echaban de menos y, cuando la llamaban, saltaba de repente desde donde estuviera y les daba un buen susto.

Aunque se divertía de lo lindo, estaba triste.  Ella no podía hacer las cosas que sabían hacer sus padres y sus dos hermanas, y no le dejaban nunca coger sopa, remover el puré de verduras, o esparcir tomate por encima de la pizza.

Un buen día en que toda la familia Cuchara estaba trabajando duro en una comida muy importante, y donde también trabajaban otras familias de cubiertos como la familia Tenedor y la familia Cuchillo, el padre Cuchara le dijo a Cucharita Cuchara que se quedara en el cajón, que la comida donde estaban trabajando era de unos señores muy importantes y no quería que estorbara ni hiciera ningúna travesura. Pero Cucharita Cuchara no le hizo caso, y sin que nadie la viera se fugó del cajón de los cubiertos y se escondió en la mesa detrás de una fuente muy grande de patatas fritas. Al poco tiempo de esperar escondida, vio como todo un ejército de tenedores empezaba a pinchar patatas y ponerlas en los platos, y Cucharita Cuchara pensó que ella podía hacerlo tan bien como aquellos tenedores. Sin pensarlo, saltó de detrás de la fuente y comenzó a pinchar las patatas pero, como ella no tenía pinchos, lo que hacía era aplastarlas hasta convertir la fuente de patatas fritas en una especie de puré de patatas aplastadas. Entonces decidió que ya era hora de poner las patatas en los platos, y empezó a lanzar cucharadas de puré de patata frita por todas partes hasta que todos los señores que estaban sentados a la mesa quedaron bien manchados.
Huelga decir que su padre, Cucharón Cuchara, se enfadó muchísimo y regañó a Cucharita Cuchara por la fechoría que había hecho. -Algún día, cuando seas mayor, podrás hacer los mismos trabajos que hacemos nosotros pero, hasta entonces, deberás tener paciencia y esperar en el cajón de los cubiertos.

Pasados unos días, la familia Cuchara y las familias de los tenedores y los cuchillos tenían que trabajar en una cena. Cucharita Cuchara se quedó resignada en el cajón, pero no tenía paciencia y se escapó, subió a la mesa de la cena, y se escondió detrás de una cazuela llena de pollo asado. Enseguida vio como tenedores y cuchillos se ponían a trabajar en equipo para cortar el pollo y servirlo en los platos. Los tenedores saltaban hábilmente pinchando el pollo asado y los cuchillos se movían adelante y atrás con mucha elegancia para ir cortando trozos de pollo, ni demasiado grandes ni demasiado pequeños. También vio como su madre, Cucharola Cuchara, colaboraba con los tenedores y los cuchillos cogiendo salsa del fondo de la cazuela y regando hábilmente los trozos de pollo. Cucharita Cuchara pensó que si su madre lo podía hacer, ella también. Saltó encima de la cazuela, con tan mala suerte que fue a parar al fondo y quedó hundida en un mar de salsa. Todos estaban tan ocupados que no la vieron, y Cucharita decidió empezar a saltar y dar golpes para que la rescataran del fondo de la cazuela. Tan fuerte saltó y golpeó que salpicó de salsa a todos los cuchillos, todos los tenedores, el mantel y a todo el mundo que estaba por allí.

¡Ay pobre Cucharita! Acababa de hacer otra fechoría, y sus padres se enfadaron mucho con ella porque no les había obedecido.

A los pocos días, la familia Cuchara tenía que servir en una merienda. Era una merienda de señores mayores que tomaban galletas, té y café. El padre dijo a Cucharita que, sobre todo, fuera obediente y no saliera del cajón, y, aunque parezca mentira, esta vez Cucharita estaba dispuesta a hacer caso a su padre y no organizar ningún desastre.

Durante la merienda, hizo falta poner azúcar al café, y el padre, Cucharón Cuchara, decidió que él era el más adecuado para realizar esta tarea. Con decisión fue hacia el azucarero y resulta que el señor Cuchara era tan grande, que no cabía dentro y no podía coger el azúcar. La señora Cuchara, que lo vio todo, pensó que como ella era más estrecha sí podría meterse en el azucarero. Dicho y hecho, se metió en el azucarero, se llenó de azúcar, y lo metió todo dentro de la taza del café. Pero la señora Cuchara aún era demasiado grande y metió tanto azúcar en la taza que la llenó del todo, derramó todo el café por encima de la mesa y lo ensució todo. La hermana mayor de Cucharita, Cuchareta Cuchara, estaba muy asustada pues ni su madre ni su padre habían sido capaces de hacer bien el trabajo y, claro, ella seguro que tampoco lo sabría hacer. La hermana mediana, Cucharina Cuchara, estaba en un rincón de la mesa jugando con unos tenedores de su edad, y no se dio cuenta de lo que estaba pasando.

Entonces, el padre de la familia Cuchillo le dijo al señor Cuchara:
- Oiga señor Cuchara, ¿ustedes no tienen una hija pequeña que debe tener el tamaño perfecto para poner correctamente el azúcar en el café y removerlo de la mejor forma posible?
Y la señora Cuchara, que lo oyó, rápidamente dijo:
- ¡Ay no! Que Cucharita es muy traviesa y seguro que lo hará muy mal.
Y el señor Cuchillo contestó:
- Pero, vamos a ver. Si no dejamos a Cucharita que lo intente nunca sabremos si lo puede hacer bien. Y, aunque sea traviesa, peor que nosotros no lo podrá hacer. Nosotros, los mayores, no hemos podido poner el azúcar en el café. Quizá si le explicamos a Cucharita cómo lo tiene que hacer, ella lo intentará hacer de la mejor forma posible.

Y dicho y hecho. Fueron todos a buscar a Cucharita, la llevaron a la mesa, y le explicaron cómo tenía que poner el azúcar en el café. Entonces, Cucharita se acercó al azucarero, se metió dentro, se llenó de azúcar y, sin dejar caer ni un granito, puso el azúcar en la taza de café. A continuación, volvió hacia el azucarero y puso otra cucharada de azúcar al café. Entonces, se metió dentro de la taza de café, y todos vieron que tenía el tamaño perfecto para esa taza. Y se puso a remover el café despacito, sin derramar ni una gota.
Cuando terminó, todos se pusieron a aplaudir el trabajo de Cucharita. Las familias de tenedores y cuchillos golpeaban unos contra otros haciendo mucho ruido y gritando: ¡Viva Cucharita! Los señores que estaban merendando comentaban que esa cuchara tenía una habilidad especial para poner azúcar al café. Y los padres y hermanas de Cucharita estaban tan orgullosos de su hija que nunca más la dejaron encerrada en el cajón de los cubiertos, y siempre la llevaron con ellos a todos los desayunos, almuerzos, meriendas y cenas en los que tenían que trabajar, y siempre contaban a todos que Cucharita era la encargada de poner el azúcar en el café, y de poner el chocolate en polvo a la leche, y la miel a las tostadas, pues como tenía el tamaño perfecto y era la más hábil, siempre lo hacía fantásticamente bien.

Observaciones finales

Preguntas para el niño:
- ¿Por qué Cucharón Cuchara no podía poner el azúcar al café? ¿Por qué Cucharola Cuchara sí podía poner el azúcar al café, pero no lo hacía bien? Y por qué Cucharita Cuchara sí lo podía hacer correctamente?

El niño tiene que comprender que hay cosas que no puede hacer ya que es demasiado pequeño, y los padres tenemos que entender que hay que darle oportunidades para hacer cosas que normalmente no hace, sobre todo cosas útiles para los demás y en las que el niño pueda sentirse útil en la comunidad de su familia.

Safe Creative #1108119845655

1 comentarios:

Xavier Calpena dijo...

Responsabilidad y compromiso contados de una forma muy original y divertida para el niño. La perspectiva narrativa genial.

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