21 de junio de 2011

El niño que nunca recogía nada


Evidentemente, con este cuento pretendemos hacer que el niño se dé cuenta de lo que le puede pasar si nunca recoge ni ordena sus cosas.
Es importante dar la máxima expresividad a nuestras palabras al leer las frases donde se explica lo que el niño hace mal, y exagerar mucho las expresiones "Que lo recoja el canario!" y "Que lo haga el canario!", buscando la complicidad y la sonrisa del niño. Es interesante que cambiemos el sujeto "el canario" por otro animal que el niño reconozca mejor, por ejemplo, el pez de colores que tenemos en casa, o el nombre del perro de la abuela, ... de forma que el juego sea más fácil .
Podemos aprovechar las pausas entre cada una de las trastadas, para preguntar al niño si sabe qué es lo que tendría que haber hecho Marcelo.

El cuento
Marcelo era un niño que nunca recogía nada. Sus padres y sus profesores siempre iban detrás de él para que recogiera todo lo que usaba, pero él siempre decía: -Que lo recoja el canario!

Cuando quería jugar con otra cosa, dejaba sin recoger el juguete que estaba utilizando. Y si sus padres le decían que recogiera el juguete que ya no utilizaba, él siempre decía: -Que lo recoja el canario!

Cuando se ponía el pijama para ir a dormir, nunca dejaba la ropa sucia en su lugar. Y si alguien le decía que pusiera la ropa sucia en el cesto de la ropa para lavar, él siempre decía: -Que lo recoja el canario!

Siempre que se vestía por la mañana, tiraba el pijama en cualquier lugar, pero nunca en su lugar. Y si le decían que guardase el pijama, él siempre decía: -Que lo recoja el canario!

Cuando estaba en el colegio dibujando, y el profesor decía que recogiera los colores y los papeles para cambiar de actividad, él no lo hacía nunca y decía: -Que lo recoja el canario! Y sus amigos de la clase tenían que recoger lo que él había desordenado.

Al poco tiempo, su habitación se convirtió en una montaña enorme de cosas sin ordenar. Juguetes mezclados con ropa sucia, zapatos llenos de ceras de pintar, calcetines llenos de plastelina, muchos dibujos arrugados debajo de la cama, unos calzoncillos colgados de la lámpara, ... Si intentabas abrir su armario, te caían encima muñecos, pantalones, cartulinas rasgadas, trozos de bocadillo, ... incluso una piel de plátano.

Hasta que un día Marcelo le dice a su madre que, al día siguiente, en la escuela harán una representación de teatro y que él tiene que ir vestido de color verde, tiene que preparar un dibujo de un dragón, y tiene que llevar su juguete preferido.

Entonces su madre le dice: -Vete a tu habitación y prepara tu camiseta favorita de color verde para mañana. Y Marcelo se pone a buscar la camiseta entre toda aquella montaña de basura en que ha convertido su habitación y, cuando la encuentra, resulta que está sin lavar, manchada de chocolate y toda arrugada. Marcelo coge la camiseta y se la lleva corriendo a su madre y le pide que se la lave y la planche. Y su madre le dice: -Que la lave el canario!

A continuación, Marcelo se pone a buscar sus ceras y sus papeles blancos para dibujar el dragón que tiene que llevar a la escuela, pero no consigue encontrar los colores por ninguna parte, y todos los papeles que encuentra están sucios y arrugados. Se va corriendo hacia su madre y le pide que le dé unos papeles blancos y una caja nueva de colores. Y su madre le dice: -Que te lo dé el canario!

Y después, Marcelo se pone a buscar su juguete preferido para llevarlo al colegio, que es un coche que corre mucho y que le regaló el abuelo. Pero, aunque remueve toda su habitación, su coche preferido ha desaparecido en medio de tanto desorden. Y, llorando pues no podrá llevar ni su camiseta verde favorita, ni podrá hacer el dibujo del dragón, y no puede encontrar su coche preferido, le dice a su mamá: -Mamá, ayúdame a buscar mi coche favorito! Y mamá le dice: -Que te ayude el canario!

Al día siguiente, Marcelo fue a la escuela vestido con su camiseta verde sucia, arrugada y manchada de chocolate. Trajo un dibujo de un dragón en un papel sucio y arrugado, y además el dragón era de color naranja pues no encontró el color verde para pintarlo. Y, además, no pudo llevar su juguete preferido pues el coche que le regaló su abuelo no apareció nunca entre todo el desorden que había en su habitación.

Para terminar el cuento
Preguntarle al niño que le pasó a Marcelo y porqué. Intentar que sea el mismo niño el que nos diga qué es lo que habría que hacer y preguntarle si él cree que está haciendo las cosas tan mal como Marcelo o si las hace correctamente.
Podemos utilizar las expresiones "Que lo haga el canario!" como parte de un juego entre padres e hijos en el momento de recoger o hacer otras tareas.
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